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☕ Pausa de hidratación ☕
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Cruzo la vereda que separa mi calle del resto del mundo. El resto del mundo es un plantel de azares que el afuera seleccionó para toparse en mi camino. Con la mayoría de ellos, lógico, no llego a cruzarme: ni nos enteramos el uno del otro o nos olfateamos.
Y mientras tanto, el sol se sigue muriendo… desde el 5 de junio y desde el 19 de julio también.
La primera cuadra lejos de mi casa empieza siguiendo el caminito de mosaicos (emergente vital hecho por algún albañil tiempo atrás) para evitar la floresta en miniatura: el césped, chabón. Para no ser tan anti -ni tropezarme y favorecer las chances astronómicas de un nuevo esguince- levanto la cabeza. Un Sergio Rotman de Candioti pasea su bolsa colorida con la mercadería que compró en la verdulería de la otra esquina, al lado de la gomería de la que sigue saliendo un cable que iza la bandera engrasada de la República Argentina. Estoy de rehab del celu, mi única adicción. No saco el telefonino, ¡no no no! Anoto en mi mente: volver a escuchar ese tema de Cienfuegos que me encantaba, ir a ver a los Cadillacs cuando vengan a Santa Fe (3 de octubre en la Estación Belgrano), buscar las últimas declaraciones de Rotman. Picante. Lo banco.
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El semáforo se pone en rojo para los que van por Bulevar de este a oeste. Tomo un envión para cruzar al cantero del medio antes de que los autos empiecen a poner el guiño (en el mejor de los casos) y a girar en dirección a una de las arterias de la ciudad de Santa Fe. Me olvido del rehab. Hago un zapping no deliberado por aquella música que escuchaba entre 2010 y 2015. Aparece el tocayo Leo Ferradás.
Leo me entró por algún disco que le mandó a Willy a principios de los 2000. Su voz del Calamaro de “Honestidad Brutal”, el homenaje a los trovadores del rock menos reconocidos salpicado por el personajerío de los Arlt, los Forn. Perdón, estoy escribiendo como hablan algunos periodistas de fútbol cuando dicen en plural un apellido que solo tiene un referente concreto, un anclaje (¿Será el efecto de poner la radio en YouTube cada noche recién llegado del laburo a escuchar La Red? ¿Quizá sea la compañía de especulaciones, escándalo, data y gritos de goles lo que me apuna? ¿O el personaje de Nacho Goano -uno de mis favoritos- cuando observa discutir o gesticula traspasando la pantalla, cuando habla de rock o usa expresiones como “encantador de serpientes”?) Me percato en el pulso presente -escribiendo...- que me gusta mucho ese recurso que antes detestaba. Por eso, justamente: por absurdo, innecesario, grandilocuente, pueril.
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Me (dis)pongo a escuchar el último disco de Leo
El nombre de la canción resulta confirmado por la letra y la música: ¡señores, señoras: he encontrado mi tema preferido del disco! Se llama “Como puedo vivir”. Manifiesto, otredad y calidad. Un verbo que le escuché bastante al Charly solista (“discurrir”) y un adjetivo que me deja estacionado en Aute (“pueril”). A partir de esta canción revoco (construyo y destruyo) el concepto orejeando las demás. Con un guiño a Neruda (“No somos los mismos”), el artista de 50 años sostiene su encanto para titular como libros sus discos. Un par de ejemplos: “La vida ordinaria”, 2013; “Formato humano”, 2018. Se debería hablar de Leo Ferradás en las revistas de rock. De Leo Ferradás, el personaje de la formidable “Frivolidad” de Juan Forn. Y del Leo Ferradás que adoptó nombre y pasado para construir canciones.
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“Lo ordinario es la estructura” así se iba a llamar su álbum de 2013, que conocí allá por el ‘14 cuando hacía mis primeras armas en Radio Nacional Santa Fe en un micro que llevaba por nombre “La huella del Pez” y reforcé cuando lo visité en su casa en CABA. Recuerdo que este cantautor rockero golondrina me dijo: “Ayer grabamos con Antonio (Birabent) ‘Un buen plan’. Tengo un quilombo en casa, trajes y zapatos por todos lados”. Se ve que para armar el micro le mandé un combo de preguntas medio vagas, una era por su lugar favorito de la infancia:
“El patio de la casa de mi abuelo adonde tocaba la guitarra. Él era tanguero, tocaba desde los 7 años. Primero me enseñó los acordes. Me gusta mucho el tango”.
Ahora dudo si es un textual que saqué de algún sitio (Página/12 y pará de contar...), pero no lo encuentro textual en la web, así que se ve que fui yo nomás. Me da ternura el guión que armé. Más que un guión era un libreto. Se ve que vivía pegado al papel para saltar al micrófono. Qué tiempos aquellos. Mañana es mejor, siempre.
El-mañana-de-Leo lo lleva a decir “No somos los mismos”. “No somos los mismos es el negativo de una época” leo por ahí y hubiera querido haberlo escrito. Pero alguien lo hizo mejor que yo. “No somos los mismos es el negativo de una época”. El negativo escrito por un optimista, capturo en ósmosis. No somos los mismos pero, como deja ver “Los niños de sal”, tampoco nos vendimos. Quiero preguntarle a este muchacho por Moris, por Javier Martínez, pero sé que:
a. la presencia de Claudio Kleiman en su último disco (la de Litto Nebbia en el anterior) es una manera de responder,
b. y sé también que su lectura de este newsletter será una sorpresa (no le avisé nada) y funcionará como una pregunta sin formular abiertamente.
Apuesto a ello, brindo por ello.
Parén-lasrotativas-tesis:
Busco en una memoria externa la nota que le hicimos a Leo del breve paso de Peces en el Aire por Radio Nacional Santa Fe. Ese año (2015) fue el único en el que salíamos los sábados. Resulta que un 27 de junio entrevistamos a Ferradás, mismo episodio en el que conversamos con Angélica Gorodischer.
Dato: Al cargar el apellido Ferradas (sin tilde) en la lupa, llegué a un video titulado “Leo Ferradas y Charly Garcia” (sin tilde, otra vez). La calidad del audio es mala, pero el valor documental de la pieza audiovisual es magnífico: resulta que LF y su banda (Los Huesos) comparten con Carlitos “No se va a llamar mi amor…” De algo sirven las memorias externas, ¿no?
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Brindo por los camaradas de la cofradía de los solitarios, por los pájaros urgentes y su forma tan natural de agarrar arte. Brindo en Santa Fe, la capital de la cerveza original.
Brindo mientras Buri mira un pájaro trinar y balbucea un código de cibernética felina.
Vuelvo al adjunto de un mail que me autoenvié a mi ya extinta casilla de correo electrónico. Como si fuera un papel que viaja de mudanza en mudanza, lo atesoro. Al final dice Leo (no sé si me lo dijo a mí o a otro/a):
“En estos días se complica ser artista, pero es lo único que somos. Si no vamos a tener nunca un mango en el bolsillo, aunque sea rockeemos”.
Yo estaba caminando, ¿no? Bueno, estoy frenado: mi cabeza avanza errática en su vagar. Dispara otra canción: “Me abrazarías”. Escucho y capturo:
“Será por buscar mecenas” (Leo Ferradás, 2013)
Yo, adicto al deporte olímpico de la fe de erratas voluntaria, elijo que diga:
“Será por buscarme escenas”
¿Será por eso que escribimos y que leemos? ¿En el fondo, en el oscuro fondo tan hondo, de fondo y hasta el fondo de los tiempos?
¿Será?
Llego a destino. Borro lo que cavilé. Lo guardo silencioso para que salte solo. Como la leche, como la espuma de las orillas, como pororó, como la verdad.
🎶 Pausa de hidratación (musical) 🎶
La felicidad
María Teresa Andruetto tuvo la generosidad de leer “Bicho sin dueño” y compartió el domingo pasado uno de los poemas del libro, “La felicidad jajajaja”. ¡Muchas gracias, Tere!



