#66. Harlem 2025: Himnos emocionales
Más fotogramas de una tarde-noche llena de música para todos los gustos
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Aviso
Luego de viajar juntos por la jornada final del Harlem Festival 2025, se viene el día 1: el sábado. Spoiler alert 🙈 el presente documental escrito fue hecho con partes de recitales de Estelares, Fabi Cantilo, Zoe Gotusso, Louta y Un muerto más.
Himnos emocionales
El día 1 de un festival tiene algo. De entrada, carga con el “peso” de construir la estructura simbólica sobre la que se montará la totalidad de los hechos. Como la ceremonia inaugural de un Mundial o de los Juegos Olímpicos. Como el primer semestre de un año. Como la infancia y, por qué no, la adolescencia. Pero hay un detalle que omiten las comparaciones mencionadas, y que se estampa en la jeta del público (de los artistas, de los organizadores, de todos los que van): el primer día de un festival nos hace recordar el último al que fuimos -o la edición anterior de este mismo-, trayendo de allá para acá el pulso, la vibra, el know how festivalero.
Las primeras bandas abren, ante un público curioso y manija, la calurosa tarde en la Estación Belgrano. Pocos minutos después de las 15: imaginen la temperatura de la legión de cuerpos en Santa Fe. En la nave central, Guido Carmona increpa a sus compañeros de grupo: vos te vas, vos también, ¿qué te hacés? El plantel de músicos obedece y deja solo al cantante. El uni(multi)personal avanza melodramáticamente, bajando de a poco el ritmo a las baterías trepanadoras, en vísperas del hit de verano (en invierno). Guido cae en escena, muerto de amor. Se lo llevan entre sus compañeros: Vivaldi, de fondo. Ahora que pasó, se pueden decir cosas: el joven tuvo la camisa manchada (el corazón roto) todo el tiempo, y su banda se llama Un muerto más.
Crédito: Joselina Brignone / Harlem
Pasan cosas todo el tiempo, de eso se trata el festival. Es oportuno el contraste que ofrece Zoe Gotusso, llena de calma y dulzura, duplicándose en una versión gigante de sí misma transmitida por la pantalla. [Entrada la noche, su coequiper en Ayer te vi llenará el escenario de bailarines y bailarinas demostrando, en un gesto made in Dragon Ball Z, que la técnica de entrenar en la Habitación del Espacio y del Tiempo es clave: al menos para Louta. ¿Quién puede explicar, sino, sus fugas por años y los regresos en un level up artístico envidiable?] Antes de que se termine el show, en el escenario de afuera (outdoor), se empieza a pedir por la reina. Fabi aparece, con un yeso en la mano izquierda.
Lo que en el show de UMM fue escenificación del conflicto, en el recital de Cantilo es una constante picaresca en torno al retorno. Cuando Fabi se conecta con la situación, ejecuta maravillosas versiones de Ya fue, Fue amor (atravesada por sonoridades afro) y Mi enfermedad, y una conmovedora interpretación del himno feminista de Vivir Quintana, Canción sin miedo, en tándem con su compinche Marisa Mere. Pero la canción que siguió sonando, como banda sonora del momento, fue su hit de los 2000: Una tregua. Ese que dice: “Se me acusa de hacer bardo / y ser parte del rock & roll / ¿Y qué? / Yo nací con una estrella / y cuando canto vuelve a brillar / ¿No lo ves?”
Crédito: @00luque / Harlem
Para las 19, el calor da paso a una embarcación de nubes. “Viento, dile a la lluvia”, habrá pensado más de uno: 1. que aguante unas horas más; 2. que llueva así cada recital cobra mayor épica. Puntual, sube Estelares al escenario exterior de la ex estación de trenes. A lo largo de 70 minutos, la lluvia queda en mero amague, goteo de tanque de agua pinchado, rocío. Manuel se toma un momento, promediando el show, para decir dos cosas que no quiere olvidar, una de ellas es saludar al eterno Palo Pandolfo, inscrito en su remera y en el costado izquierdo que presiona cuando dice “libertad”. El repertorio es ajustado a esta clase de acontecimientos, pero con un condimento: algunas canciones del disco que salió hace unos meses, Los lobos. Moretti usa la pasarela para saludar visualmente a su público, salta y canta con la euforia que habrá tenido en su Junín natal cuando iba a alentar a su amado Sarmiento. Hoy lleva anteojos que dejan ver sus ojos y, cuando canta, observa a su público. Baila feliz. Baila para mostrar que no se traiciona siendo popular, al contrario: se celebra. Baila, también, con su baile de culto: su juego de manos y piernas. Entra su cuerpo al ring del escenario para descolocar, para dejar entrever raíces, mientras la multitud grita el gol más importante de todos, la consagración del trovador: Ella dijo. Como dirá, cerrando, a propósito de El corazón sobre todo: “un himno emocional”.
📼 El Harlem 2025 en 90”




