#85. CR26: Mi amor, ¿qué te parece un 14 de febrero lleno de música en las sierras?
Crónica del primer día en Cosquín Rock 2026
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Voces y esperanzas
Llegamos y cumplimos con las ventajas anunciadas en el último newsletter. Con el Ecovaso repleto de agua, picoteamos un poco del show de Chechi de Marcos, como si cargáramos la batería melódica para todo el viaje. A las 14.50 nos dirigimos por una rampa hacia el escenario Boomerang para disponernos a ver el primer número marcado en nuestras grillas personales: 1915. Se iba desplegando el camping itinerante sobre el césped irregular. A pesar de la hora, el grupo liderado por un Cruz Hunkeler platinado perforó el clima pacífico de los reciénvenidos con críticas a las distintas formas de la opresión en la Argentina (Extranjero, El enemigo y Policía). Y flotando en el aire la voz de una Madre de Plaza de Mayo: “Nosotros queremos saber dónde están nuestros hijos. Vivos o muertos. Son nuestra última esperanza. Por favor. ¡Ayúdennos! ¡Ayúdennos, por favor!”
Partimos con ritmo y convicción al escenario Montaña en búsqueda de Bersuit, pero se nos interpuso Eruca. El escenario Norte estaba al palo. No fue pensada la concatenación, pero una Lula escondida tras su cabello (¿para qué desconcentrar lo aurático: voz, guitarra?) encastrada con Brenda y Gabriel, se despachó con tres modos de gritar el dolor de un mundo herido (No pises las flores, Volarte, Creo). Algo nos decía que podía suceder la primera sorpresa del día. Y la intuición no falló: Abel Pintos (que tocaría más tarde en el Festival) subió a colorear la vidala Amor ausente provocando una dosis pareja de gritos, lágrimas y no pocos abrazos entre parejas y amistades.
Abel Pintos y Lula Bertoldi; de fondo, Gaby Pedernera. Foto: Gentileza En Vivo Producciones
Un ratito antes de que el trío forjado en Córdoba finalizara su concierto, encaramos para el Montaña a la espera de Bersuit. El grupo que se encamina hacia su cuarta década trazó un equilibrado repertorio entre la emoción, la joda y la crítica social (Sr. Cobranza, El tiempo no para, La bolsa). Fue Vuelos la canción que “bajó” la espuma del salto y mojó los rostros de muchos de aquellos que viajábamos por la memoria familiar mientras veíamos el pañuelo en la pantalla. Al final de la canción, el público dedicó un cántico: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.
Amor presente
“27.536 pasos a Cosquín”, dijo la app el martes pasado. Pero, ¿cuántos caracteres habrá escrito cada célula de nuestro cuerpo en el viaje? Probablemente, tengamos una mirada aproximada una vez decretado el punto final de la tercera crónica. Paciencia: vamos por la segunda de ellas que, a su vez, narra la primera jornada. Llegamos corriendo y cantando al Norte. Esa actitud es propia de los grandes festivales: correr mientras la canción se evapora pero sintiendo que perfora cada uno de nuestros poros y un poco vamos siendo ella con el viento. No la cambio por nada… aunque casi me haya “perdido” una de mis preferidas de El Zar: Perdido (si menos por menos es más, perdido x perdido es encontrado, ¿no?) La revancha se dio en la siguiente estocada: La forma de estar solo. El set de diez canciones no dio respiro a las emociones, pero sin dudas el momento perfecto fue la declaración de dos apasionado(s)-superstar: Facundo Castaño Montoya y un tal Gregorio Degano aka Goyo. Alguna vez pasó por Bicho redactor, ¿lo recuerdan?
Goyo Degano y Facu Castaño Montoya. Foto: Gentileza En Vivo Producciones
Decidimos cambiar el Norte (Turf) por el Sur (Cruzando el charco). Un duelo de bandas festivaleras, el tiempo nos juzgará. Quizá no hubiera estado mal esperar la salida triunfal de Joaquín Levinton, el “regreso a la vida” escénica (o a la vida como escenario), pero elegimos poner una ficha por el convocante grupo de La Plata. El repertorio ceñido quitó algunas perlas como Nada nace, pero hizo brillar el candombe al pago llamado Volver a nacer o una infaltable para el día de los enamorados: El trato. En el medio de la canción estallaron unos aplausos: un pibe baila abrazado a su novia que recién le dijo “sí, quiero”. La sorpresa fue un gesto continuado a lo largo del show (se vería más tarde en Ciro o en Abel Pintos), una versión personal de Todo un palo. Justo cuando desde varios palos flameaban banderas de rock y fútbol: Los Piojos, La Vela, Colón y, claro, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Difícil elegir
El equipo timoneado por Francisco Lago terminó antes de lo que suponíamos y le sacamos provecho a nuestro error de cálculos. (Supongo que) ahí nos lanzamos a la repesca de lo comprado: gaseosa y alfajores. Buena jugada, Agus. Jugador de toda la cancha. El bit sobre la pulsera fue robótico, lisérgico, neumático. Parece que aquí mi bocho adelantóse a la venida del Cuarteto de Nos -y convocó con la ouija del deseo a Tan Biónica- a través de una retahíla de rimas esdrújulas. Pero el changüí fue usufructuado para observar cómo se desplegaba el otro Joaquín, el heredero de Federico Moura, el cantante de Indios: Joaquín Vitola. En tres o cuatro estaciones comprobamos el charme del músico rosarino. Charly, por momentos; Dárgelos, también. Agitador, mesiánico, sensual, explícito. Perfectohermoso velozluminoso. Celebrado por la tribu, sobre todo, cuando homenajeó a su dios interno desde una versión prolija de Luna de miel en la mano.
Momento triste o adulto. Episodio para un melancólico tiempo completo como yo. Cuando la grilla ajetreó Ciro y los Persas, Estelares y Dillom, hubo que sopesar. Descartamos al más joven porque lo teníamos fresco del Vélez de fines de 2025. Por pronóstico y por hambre de verlo, Agus fue al ritual piojoso. Por fidelidad a su constelación de canciones, fui a ver a Manu Moretti & cía. Sin mucho preámbulo, Estelares subió al Boomerang con una consigna clara: la celebración de los 20 años de Sistema nervioso central. Antes de ingresar al predio, desafié a Agustín y respondí:
—Si hacen canciones de SNC, ¿cuáles tocarán? Para mí Las vías del tren porque Manu la viene versionando en Instagram. Me juego por Eléctricos duendes por las “frías aguas de arroyo” y el “club en onda / entre Traslasierra y Cosquín”. Tiro dos-o-más: Jardines secos (porque está al principio del disco), Luxemburgués y Un show.
Manuel Moretti, sobre un fondo lobuno. Foto: Gentileza En Vivo Producciones
Con las tres primeras, el conjunto nacido entre Junín y La Plata comenzó un show de diez canciones atravesado medularmente por ese disco lanzado en 2006. Todavía me acuerdo cuando fui a comprarlo (¿a $26,90?) en Compactos. La semana pasada cerró el último bastión del CD en la ciudad de Santa Fe. Digo esto para decir dos cosas:
Hay un disco conceptual a la par de un combinado de canciones radiables y populares (que no son lo mismo siempre unas y otras);
No es fácil animarse a sacrificar “hits” en un Festival, canciones “rendidoras”, para iluminar y celebrar otras zonas. Estelares lo hizo y se agradece.
Extasiado por la novedad -palabra que alcanza tanto a Miguel como a Moura y Moretti-, fui saltando al Sur. Ciro se juntaba con Mollo en Morella y dedicaba una canción a su flamante novia Luli. En el día de los enamorados. Compartiendo la velada ante una multitud.
Me enamoré de la noche
El retiro paulatino del sol, acreditado por el apoltronamiento de la luna, arrimó sensaciones cada vez más cercanas al amor en el Aeródromo de Santa María de Punilla. Mi mente -y la de varios, asumo- fue tomada por los acordes de Love is in the air. La fija era no cortar con tanta dulzura y volver al Norte para ver Babasónicos. Pero la distancia entre shows -el tan mentado changüí- me permitió picotear en el Montaña algo del desenfado del Cuarteto de Nos, una buena dosis de adrenalina que, tan veloz como fake news pero tristemente cierta, recordó que Ganaron los malos.
Estacioné mi cuerpo durante 80 minutos para disfrutar el détournement de Dárgelos. Mis ojos resbalaban hacia algún instrumentista (generalmente, Roger o Uma) aunque siempre es difícil desobservar a Adrián. A diferencia de la fiesta popular celebrada una noche decembrina en Ferro, el repertorio se despojó de novedades -palabra que también le cabe a la troupe babasónica-, con la excepción de los (video)clips Advertencia y Tiempo off. Como en ese crepúsculo de 2025, ver a Babasónicos bajo la luna tiene otro impacto en las pieles prontas a danzar. Recordé La lanza en Cosquín Rock 2015, mi anterior CR, y canté por todos los que fui, soy y seré. Fue mortal que la última canción, el puente hacia mi escape a Franz Ferdinand, sea El colmo.
Franz Ferdinand en acción. Foto: Gentileza En Vivo Producciones
Volví al Montaña. Cierta astucia me permitió ganar la primera valla del festi. A las 22.40, Franz Ferdinand se montó en el agite sembrado por el cuarteto uruguayo y giró la perilla hacia un inglés rótico de marca escocesa. Casi enfrente de Kapranos (¿vestido como recepcionista del hotel The Human Fear?) se armó un grupito saltarín de fans que cantaban casi todo a la perfección. El resto desempolvó su (vamos: desempolvamos nuestro) spanglish musical para entonar los estribillos de Take me out, Do you want to, Walk away y Dark of the matinee. El colmo fue terminar la nait super hooked, pronunciando frases en inglés a medio hornear, sabiendo que la canción nos llevará lejos, donde nadie se acuerda de nos, para ser alguna vez “el murmullo de una ciudad que no sepa quien soy…”







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