#90. Mañana cumplo 40
Pastillitas semidulces en vísperas del cambio de década
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Recordarqueriendo
Ya he escrito sobre el paso del tiempo. Incluso, lo hice el mismo día de mi cumpleaños (año 2025). Aunque ahora la sensación es distinta: cruzo un portal hacia lo desconocido. De eso se trata cambiar de década. Para colmo, la década de mis 30 fue demasiado buena. Que tuvo altibajos, los tuvo. Pero fue una consolidación de algunas cosas que ya conté:
el amor como proyecto y no como una mera ilusión;
la literatura como trabajo diario del cuerpo y la mente;
la amistad como militancia;
el trabajo como deber y juego de la ética.
Me mudé como nunca. Me mudé de casas y de cuerpos. Demudé mi voz joven porque la embebí en licores de improvisación y porque dejé que se calle más de lo habitual el diablo ariano que anuda mi fe. No siempre, a veces, la procesión (risa o llanto) va por dentro, ¡forros!
Y algo más: “Fue por ti que aprendí a querer los gatos”.
No quiero explayarme en cosas que ya he dicho. Se le atribuye a los viejos el redundar, y yo no estoy lejos de volverme viejo. “Yo soy un hombre bueno, lo que pasa es que”, con los años, también llegó la localización exacta de los dolores (cuadriceps, pecho), el hábito del chequeo médico y la precaución ante determinados síntomas. Pasar a tener 40, me dijo una amiga, es ¿dejar de ser? un “joven escritor”. O seguir siéndolo. No me acuerdo cuál de las dos fue, pero me sirven y las seguiré recordariendo. Tengo una fijación con dos videos que pasaron a la categoría de memes, pero para mí son aportes a la comunidad lingüística: Qué puedo saber eu de esa situação y Te seguiremos recordariendo. Son tesoros engendrados de manera involuntaria por el fútbol y, lejos del bullying, siento que juegan con el lenguaje en sintonía con la escuela de Les Luthiers. Hace poco vi un video del pibito, crecido. Reconoció que quiso decir “recordando” y “queriendo” a la vez. Y fundó un verbo. Errando.
Rumbo errado
He errado bastante en estos últimos diez años. Pero me quedo con mi apego natural al demonio de las palabras. Nadie ni nada (ni las obligaciones ni la templanza ni la estructura) me han logrado sacar ese tesoro que exprimo como jugo de limón. Limón de algún árbol del Jardín del Edén. O, como dijo Kevin, del Jardín del Desdén.
Soy errante por naturaleza. Cuando vivíamos en El Pozo teníamos un vecino con ese apellido: Errante. Y el resto del piso era Salvatierra, Co(r)nejo y Pez. Se podía armar una biblia el Gabo si se hubiera llegado a estos pagos. Porque, como cantaba Erica García, “la vida es novela / hay que escribir mucho”.
Esta década escribí mucho. Pasemos revista:
un libro publicado, “Bicho sin dueño”;
tres libros inéditos;
dos o tres intentos de libros;
crónicas, entrevistas y reseñas culturales;
tesis;
newsletter;
mensajes de texto.
Pero una década es más que eso, aunque se vaya (y venga) volando. Hace unos días jodía con un chiste interno: No estoy preparado para los 40. Hace como diez años que no cambio de década. Ja.
Jaja
Jaja
Jaja
La felicidad.
Me está convenciendo
¿Los estoy aburriendo? O, por el contrario, ¿los divierto?
Volvamos un ratito a la música… Vine pensando este newsletter hace un mes. Siempre empiezo a pensar en mi cumpleaños un mes antes. La cuenta regresiva, siempre, comienza con el número 30. ¿No? Es nuestra medida de la vejez. Decía que escuché dos canciones que hicieron fuerza-suave -diría la Sofi- para entrar acá: una, “Es difícil, amor”. La otra, más reciente, “Soledad”, del último disco de Los Pericos. ¡Pero qué nombrecitos, che! Sobre un fondo instrumental delicado, deja frases como esta:
“Soledad, compañera fiel / nunca me dejaste solo” (Soledad, 2026)
Me acuerdo de frases que cité en mi tesis dedicada a las citas del querido compañero de mis días más oscuros, Andrés Calamaro:
“No estoy solo, de verdad, / me acompaña mi propia soledad” (Funeral 11, 2000)
“Solo estoy solo” (La parte de adelante, 1999)
Podría seguir, pero mejor que el Comandante diga (y haga) lo suyo:
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¿Se puede seguir después de esto? Se me ocurren algunas ideas, pero las dejaré madurar en mi copa corporal de 40. Más adelante, si pinta, les cuento. Ahora, pista, me da paja. Mientras tanto, me dedico a envejeser.



