#87. ¿Y si hoy no quiero escribir?
Reflexión sobre el oficio bicho-redactor practicado cada martes
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¿Y si hoy no quiero escribir?
Hace semanas pienso escribir sobre el tema. Pero me dejo atropellar por la inercia. Inercia que, muchas veces, no entiendo bien de dónde es que sale. Prometo dejar para más tarde lo que vengo sintiendo el día anterior al martes en el que procedo a tirar estas líneas desde mí hacia ustedes. El problema es que ese “adelante” amaga con diluir el dilema sobre lo que escribiré. Dilemuir sería un gran verbo para esto. La aleación perfecta entre atravesar el dilema pero sin hacerse cargo (diluirlo en el futuro), lo cual representa, a todas luces, una de las formas de la huida. Volviendo sobre mis pasos, escribo para cumplir con la promesa semanal, saco un tema del bolsillo de mi mente-corazón, y me desendeudo del compromiso contraído con el dios de las letras.
Cuando escribo siento que estoy diciendo una barbaridad. Porque el hormiguero lingüístico tiene por costumbre organizarse en torno a la palabra-hormiga menos esperada. Da la impresión, bichos/as lectores/as, que nunca sabremos por qué se disparan hacia una idea por encima de otra (generalmente, esa que esperamos postular). Esto mismo me sucede ahora: no pensaba en los invertebrados hasta que una hormiguita se metió en mi pantalla, hizo un agujero en el centro del documento y armó comunidad.
Hoy toca parar la pelota. Y respetar el status de las interrogantes que me visitan cada dos por tres. A veces me pregunto si somos una comunidad… o soy un capricho andante que regala sus partes a un grupo atento que quisiera conocer mi opinión sobre las cosas realmente importantes del mundo. ¿La guerra? ¿Los Oscar? ¿El Mundial? ¿Qué más? O, impulsado por las cavilaciones que vierte Ribeyro en el diario que nombré en el BR #81, ¿y si hoy no quiero escribir? ¿Si siento que no tengo nada valioso para decir?
Sea por la razón que fuere, siempre termino hablando de la coyuntura, aunque a veces me interno en las astillas del pasado. Si no cuento lo que mis sentidos traducen sobre un recital, una lectura o un cruce antojadizo de disciplinas. Hoy, por ejemplo, pensaba concentrarme en el último disco de Drexler. Pero el síndrome del impostor me aconsejó que no lo hiciera. Y, esta vez, le hice caso. Que descanse la obligación auto-impuesta -incluso, de todo aquello que amamos y de lo que vivimos hablando con todo el mundo-. Mejor soltar, como un suspiro, esta rara sensación que me asalta en vísperas de cada martes bichero. Y que ustedes la conozcan. Y me cuenten si les pasa a menudo. Si la entreleen en algún newsletter. Si tienen un apartado favorito: ¿aguafuertes?, ¿crónicas de recitales?, ¿reseñas literarias? Tal vez, ¿podcast?, ¿juegos y derivas? O si prefieren que actúe la fuerza de la inercia y nos encontremos hablando de música el martes que viene. Si Dios quiere.
Dejo para el final una reflexión hija de la anterior. Un inciso o sub-reflexión. Este masaje de mis manos al teclado que tomó forma de redacción puede que ocurra una vez al mes. Es como una purga de información. Un descanso suena mejor. Un volver a default, tomar impulso y escribir hacia adelante. Sin deadline. Escribir sin que importe el tiempo y, a la vez, escribir con todo el tiempo del mundo. Y que el acordeón vaya armando, quién sabe cómo y cuándo, un gran texto total. Última pregunta: ¿Será este un punto de inflexión en toda mi narrativa bicho-redactora? ¿O una cascarita más de la herida general que si la arranco sangra (o, inventando otro verbo, se despetrifica)? Algún día, con suerte, tendremos la respuesta.
Nota Bersuit
Este domingo (22 de marzo) Bersuit se presente en Tribus Club de Arte de la ciudad de Santa Fe. Antes del recital charlé con un histórico, Juan Subirá (acordeonista, tecladista y vocalista). Podés leer la nota en este link.


