#81. Derivas pop V: Sin-taxis rota
Acróstico de lecturas y escuchas contemporáneas guiadas por el antojo
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El clima estival favorece los popurrí, ¿no? Una especie de clericó de contenidos que nace al calor del calor y como respuesta a una inquietud: todos se van, todos menos yo. Y, lo peor, no pasa nada. O parece que no pasa nada. ¿O será que pasa menos? ¿O lo que pasa se mueve en una velocidad distinta?
En lo bicho-personal, este cúmulo acumulado de situaciones se torna una posibilidad de acceder al contenido vedado por el día a día. A lo que siempre queda afuera por tiempo (un podcast) o por su carácter marginal a la “agenda” (derivas pop). Si nunca leíste las derivas pop de Bicho redactor, tenés la chance de empaparte en las cuatro entregas precedentes: #7. Derivas pop I, #12. Derivas pop II, #27. Derivas pop III: La fuerza de la raíz o la raíz de la fuerza y #52. Derivas pop IV: Las antenas rojo carmesí.
Para quienes se suman por primera vez a derivarla, los/as invito a leer mis palabras a modo de introito al primer envío de las DV:
Antes que nada, quiero presentarles esta ¿sección? (¿espacio? ¿intromisión? ¿juguete? ¿nivel?) que se irá intercalando cuando me pinte. Es como el summum de la diáspora. Su característica fundamental por ahora -porque muta- es que se trata de un cruce entre dos o más canciones que, en principio, no tendrían nada que ver. Pero en mi bocho generan una combustión; me vuelvo loco creyéndome el Dr. Frankenstein o, si me dan a elegir, el Dr. Hubert J. Farnsworth.
Allá vamos, lanzamiento #5, con una mínima advertencia: Si llegaran a encontrar estos manuscritos electrónicos luego de mi muerte, no me voy a quejar. Soy bastante parecido a este me(n)junje de notas. Un clipping viviente.
Tesis
Lo primero (¿la tesis?) es un artículo de Miriam Cairo publicado allá por 2012 en Página/12. Llegué a esta columna -titulada La poesía será inútil pero no cobarde- buscando nuevas lecturas de Bicho sin dueño, prescindiendo de comillas compresoras. Y me quedé con un extracto que me maravilla:
“La poesía no te da de comer, no asfalta las calles, no paga el boleto de colectivo. Con un verso no abonás los impuestos. Un poema escrito en una hoja de papel no sirve para abrigarte en las noches de invierno. La metáfora no entra en el mercado cambiario. Nadie pensaría en hacerle un cepo a la metáfora. Es más, la poesía ni siquiera nos salva de los preconceptos. Cualquiera que quisiera escuchar poesía, por ejemplo, iría a los grandes salones de la zona céntrica de las grandes o pequeñas ciudades, o bien, a los tugurios y fumaderos de la poesía under, también ubicados en las mismas zonas céntricas de las mismas grandes o pequeñas ciudades. Sin embargo, la poesía es un animal difícil de dominar. Un bicho escurridizo. Un perro sin dueño. En ocasiones, no he encontrado poesía en los lugares donde se suponía debía estar, y sin embargo, ella apareció en el patio trasero de las grandes o pequeñas ciudades, de la mano de poetas insospechados” (2012).
Mi encuentro con esta masterpiece de la reflexión literaria es posterior a la publicación de Bicho sin dueño (2024). Como la vez que inventé los autoinmóviles sin haber leído antes sobre esos automóviles inmóviles de Sabines. O como aquella vuelta que mi amigo Villa me dijo que algunos de mis poemas sonaban a Giannuzzi y yo, insolente, le contesté con la verdad de entonces: “No leí a Giannuzzi”. El eco de estas palabras de Miriam es, cómo decirlo, ¿tardío? Pero su efecto es conmovedor.
Antítesis
El segundo movimiento (¿la antítesis?) nace de un libro nuevo que compendia textos viejos. Tiene un nombre electrizante: La tentación del fracaso. Y está trufado de diarios del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro escritos entre 1950 y 1978. Habla Enrique Vila-Matas en el prólogo de “manual de sabiduría”, “caja de sorpresas”, “modelo de elegancia”, entre otras valiosas adjetivaciones. Vengo leyendo el libro con un tranco lento, respetuoso del biorritmo del hombre que iba escribiéndolo. Comparto uno de los pasajes tempraneros, corresponde al 9 de septiembre de 1950.
“Sí, porque en esta nueva senda he tomado una rara velocidad. Ando rápidamente por un camino en cuyo horizonte vislumbro un buen bufete, una buena secretaria y una extraña locuacidad forense. ¿Será cierto? A ratos no lo creo, ¡haber cambiado tanto! Debería escribir otra vez, pero ¿a qué hora?, ¿qué cosa? No tengo tiempo. Nada se me ocurre. ¡Ah, lindo ocio inspirador y malsano! Echado en mi cama veía condensarse en el humo de mi cigarrillo a mis personajes y en el silencio de la siesta los oía dialogar. Ahora también fumo, pero fumo sin poesía, mientras redacto demandas o reviso expedientes. ¿Es eso fumar acaso? Pero me consuela la idea de que este abandono de las letras ha de ser temporal. Vendrán tiempos mejores… ¿Vendrán? Hace un instante lo creía, ahora no. Es raro: tengo dificultad no únicamente para escribir, sino hasta para razonar literariamente” (Seix Barral, 2025:8).
Síntesis
El tercer y último movimiento (¿síntesis?) surge del choque entre lo escurridizo del hecho literario y la dificultad para razonar literariamente (y, luego, escribir). Quizá se precise de una sintaxis rota para llevar y traer -como un taxi- las palabras arriba de oraciones y poder arribar a algún puerto.
Por estos días terminé de leer ¿Se dice así? (Tusquets, 2025) de Leila Sucari. El número que me persigue, el 39, aparece más de una vez en esta nouvelle que va y viene por el español, el inglés y el francés. Paladea las lenguas, siempre, como extranjera. Son 74 páginas “reales” con una tipografía generosa: se debería leer en una hora pero me toma días. Y esto no va contra el engagement de la obra; por el contrario, todo trato con la lengua requiere el trabajo articulado de las papilas gustativas sobre cada una de las palabras, y una saliva que lubrique el proceso. Imagínense si multiplicamos las lenguas por tres. En mi lectura, le hice honor y caso a una profe de la secundaria y marqué todo el libro con referencias musicales (en breve traeré esa deriva pop, será la sexta). Ahora voy -y vengo- con unos fragmentos que desordené y reordené en pos de un nuevo sentido:
“Escribo como quien huye hacia los costados. No hacia adelante, no hacia atrás: a los márgenes” (2025:70). La escritura es básicamente un hueco. Todo lo que falta. No estoy diciendo casi nada. El asunto está concentrado en el casi. Pero no en la palabra, sino en lo que está alrededor, en lo que quedó afuera del casi (2025:38). “Tengo miedo de hablar demasiado y de no decir lo suficiente. Estoy a punto de abandonar a cada línea que avanzo. Sé que el silencio sería la mejor fidelidad”. (2025: 42).
Armo un poema final, con aires de haikus, a partir de frases de los pasajes extractados para este newsletter. Es coral, colaborativo y sin muchas pretensiones:
Es un animal difícil
de dominar una velocidad
rara afuera del casi:
decir silencio ser(í)a la mejor
fidelidad


