#75. El músico frustrado tuvo su gira
Primera aproximación a una ciudad que me enamora: flashes de la gira bonaerense de "Bicho sin dueño"
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¿Cuántas veces?
El motivo de la segunda visita a Buenos Aires en el año fue la presentación de Bicho sin dueño fuera de Santa Fe. Ese fue el programa, la estructura. Sobre el/ella floreció la improvisación: los recitales, las visitas, los encuentros, la vida. En mi primera aproximación escrita al viaje a Ciudad Autónoma de Buenos Aires, me concentraré en lo primero: las presentaciones propiamente dichas. Futuros newsletter hablarán de lo segundo. Lo prometo.
Pero antes me asalta una pregunta: ¿Cuántas veces viajé a Buenos Aires en mi vida?
Foto: Max Bidart
Tengo guardados en mi memoria los viajes a Buenos Aires. Por motivos que no vienen al caso -entre otras cosas porque los desconozco-, nunca registré en ningún lugar la cantidad de visitas a mi ciudad preferida. A los fines de la presente nota, decidí poner manos a la obra, operando como suelo hacerlo en otros rubros (la poesía y el periodismo cultural, por casos). Según el viboreo mental, mi manera de construir la torre de la historia personal como si se tratara de un jenga, el total de idas a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en casi cuatro décadas es 23.
Debería hacer algunas salvedades, al respecto. Decir, nobleza obliga, que se cuentan viajes fugaces para ir a ver un partido de Colón, un cruce futbolístico a La Plata, y una jornada de espera en Ezeiza por un vuelo postergado. El número 23, me recordaba mi amigo Alfredo, siempre lleva a la magnífica película protagonizada por Jim Carrey. Si la memoria no me juega una mala pasada, creo haber visto esa película de Joel Schumacher a mis 22 años y medio: en tránsito hacia el número maldito.
Igualmente siento que se me está escapando algún viaje. Sigo pensando…
Pasos y pasos
Llegué a Retiro con la urgencia de un viajero del tiempo. Si quería evitar un futuro distópico cargado de congoja y desazón, debía moverme rápido desde la terminal hacia la casa de mi prima, saludarla (tomar unos mates) y planificar la ida a la cancha de Ferro a ver Babasónicos. Todo lo que tenía que salir bien salió bien. Y lo que podía malir sal brilló por su ausencia. El primer día cumplió religiosamente lo que prometió. Fue el volumen 1 de una descarga de un cuerpo adormilado por horas de viaje. Pero, sobre todo, selló la gira por Buenos Aires (y mi última noche) con una frase, el slogan de las fechas de los Baba: fiesta popular. Me dejé arrastrar y me dejé influenciar.
A mitad de la aventura descargué una aplicación para cuantificar mis pasos. Cada pisada tuvo un correlato numérico siempre y cuando llevara el celular en un bolsillo, en las manos o dentro de la mochila. Igualmente desconfío un poco del método. O acaso, ¿la app computa mis pasos mentales a la hora de formular una respuesta ante la pregunta de José o de Ana en sendas presentaciones del libro? ¿Cuentan igual los pasos que di por Palermo, Congreso u Once que los poquitos que hice para abalanzarme sobre Víctor Hugo Morales, abrazarlo y entregarlo un libro? ¿Cómo se miden los trancos hacia atrás el instante en que reconocí a Rocambole caminando frente a una escuela en La Plata? ¿Alcanza con los números? ¿En serio?
Frus-tra-do
En no pocas entrevistas me han preguntado si toco algún instrumento. Yo, siguiendo el hechizosonoro del consonantongo (gracias, Les Luthiers) suelo responder que soy un músico frustrado. Por eso -agregué en los últimos meses- quería armar una gira presentando mi libro por distintos partes del país. Y, claro, porque amo viajar. ¿Quién no?
Si vienen siguiendo con cierta asiduidad al bicho redactor (me encantan las personas como Rubén, Alf o el Turco que le ponen un artículo y eliden el adjetivo), verán que tengo una debilidad por los anagramas. Y, sino, pueden hacer un refresh con un puñado de ejemplos: anagrama de tierra, anagrama de Plenaria, anagrama de Pedro Mairal, anagrama de Leila Guerriero.
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El lunes 8 de diciembre le entregué un Bicho sin dueño a mi amigo José. José fue mi mano derecha a distancia en cien encuentros por Meet. Sin él no hubiera existido este libro. De ninguna manera. Fue hermoso escucharlo desgranar el poemario como si no lo conociera, como si fuera un otro (un nuevo) llegando a tierras vírgenes. Celebro su lucidez al encontrar -ahora, no antes- el carácter performático de la obra. Recuerdo, también, y con mucho cariño (más, incluso), el fallido o lapsus en la lectura del poema Frágil, temperamental. Donde dice los objetos ordenan el espacio, dijo algo mejor:
los objetos condenan el espacio
En La Plata el espacio cambió de vertical-horizontal a diagonal. Y por esas diagonales de sentido entraron las palabras de Ana de la Torre. Entrerriana de origen, concentró su mirada en el ritmo, la pausa, el tiempo del litoral. Mentar el territorio acercó el coro de voces familiares del libro a los ojos de mis primos Pipi y Mati. Mientras leía Todo bien, Pez? o Reconquista en La Libre y en Rayuela, levanté la vista para hacerles zoom. Sabían todo, entendían todo.
El último día en Buenos Aires cambié pies, colectivo y subte por tren. De Estación Once a Estación Haedo viajé leyendo el último libro de Antonio Birabent (El filo). El oeste cercano me recibió con una entrañable feria cultural organizada por Yatay. Mi timidez no me dejó sumarme a los corsos instantáneos que suscitó la Conurbalkan. Pero mi mente bailó en comunidad: viendo bailar a la gente, escuchando nuev@s amig@s poetas, degustando dos empanadas caseras (una de acelga, otra de soja) y caminando por calles de adoquines, debajo de guirnaldas.
Arranqué diciendo que soy un músico frustrado. Pero hay un anagrama salvador (siempre lo hay, no’cierto Martín?): dar frutos.
Bicho federal
2025 se va con un cúmulo de emociones traducidas, entre otros formatos, en entrevistas y reseñas. Agradezco a El Litoral de Corrientes la publicación de un conjunto de poemas que componen Bicho sin dueño. Y, no es menor, la consigna propuesta: desarrollar en unas líneas mi poética. Pueden leer la nota por aquí.
La Plata ha sido muy generosa conmigo. Ale tuvo la gentileza de recibirme en las instalaciones de El Día, donde conversamos sin miedo al reloj sobre el libro y sus diagonales. La entrevista se ve en el cuadro de abajo:
Como si esto fuera poco, Bicho sin dueño fue seleccionado por el equipo de El Día como una de las 10 lecturas indispensables del año. ¡No lo puedo creer! ¡Gracias por mil!
PD: ¡Felicidades, mis amigos/as! 🎄




